Recordamos a Peret, el padre de la rumba catalana

Sgae | 28 agosto, 2014

Pedro Pubill Calaf (Mataró,1935), más conocido como Peret, falleció ayer a los 79 años de edad en Barcelona. Conocido como “el padre de la rumba catalana”, popularizó un estilo musical propio resultado de fusionar la rumba gitana con la guaracha y el mambo. En el año 2010 recibió el Premio a Toda una Vida de la Academia de la Música, concedidos por AIE y la SGAE, en reconocimiento a toda su trayectoria profesional.

Socio de la SGAE número 23.884, ingresó en la entidad en 1967 donde tenía registradas más de 250 canciones como compositor y letrista. Temas inolvidables que pertenecen ya al acervo popular como Borriquito, Una lágrima cayó en la arena, Gitana hechicera, El jilguero o Que levante el dedo, por mencionar sólo algunos de ellos. En 1974 alcanzó la cima de su popularidad representando a España en el Festival de Eurovisión con Canta y sé feliz.

Los miembros de la Junta Directiva de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) expresan sus condolencias a los familiares y allegados del genial artista. Se marcha el creador de la rumba catalana pero sus canciones permanecerán para siempre entre nosotros.

Puro genio. Descanse en paz.

Un estilo inconfundible*

* Biografía difundida en 2010 por la Academia de la Música, a raiz de la concesión del Premio a Toda una Vida

Peret nació en Mataró en 1935, pero se crió en el barcelonés barrio de El Raval. Allí los clanes gitanos iban a gestar una revolución musical de la que Peret sería padre y protagonista. La rumba gitana se maridó con la guaracha y el mambo de Pérez Prado para alumbrar un nuevo género: la rumba catalana. Poco importa ya cómo nació ese rasgueo percusivo conocido como el ventilador, ‘ese truco tan ingenioso y de fácil ejecución’ que diría el sabio Gato Pérez, porque lo crucial es que no se ha perdido: gracias, Peret.

Peret tuvo una infancia libre y feliz. Su aprendizaje se desarrolló en la calle y los mercados, donde acompañaba a su padre, tratante de textiles al que todo el mundo conocía como “el Mig Amic”. Así titularía Peret uno de sus temas, un tributo a su padre que, en palabras de Manuel Vázquez Montalbán, es la mejor canción de la nova cançó catalana.

El niño tenía una vocación musical desconocida hasta entonces en su familia. Pronto la guitarra se convirtió en su sombra y su innato gracejo le fue colocando más cerca de las juergas rumberas que del mercadeo de paños. Igual que a Bob Dylan, a Peret le cambió la vida un accidente de moto que tuvo a los 16 años. Desde entonces comenzó una carrera artística plena. Llegarían las actuaciones en el Teatro Victoria del Paralelo con sus fieles palmeros, los primeros singles, el traslado a Madrid y la inmensa popularidad de los años 60 y 70. Era una época en que los pinchadiscos de las discotecas apartaban un espacio para sus rumbas. De 1968 data el álbum Peret, que incluía éxitos como “Una lágrima”, “El gitano Antón”, “Amor a todo gas”, etc., y que fue incluido por la prestigiosa revista Rockdelux en la lista de los 100 mejores discos españoles del siglo XX. En 1974 alcanzó la cima de su popularidad representando a España en el Festival de Eurovisión con “Canta y sé feliz”; poco tiempo antes, su tema “Borriquito” había sido n.º 1 en España, Holanda y Alemania.

En los 80 vivió entregado al evangelismo. Peret regresó en los 90. El disco de homenaje editado por Chewaka en 2000, donde escuchamos remozadísimas versiones de sus éxitos en compañía de admiradores de las nuevas generaciones (Ojos de Brujo, Los Enemigos, Fermín Muguruza, Amparanoia o el mismísimo David Byrne). En 2009 nos regaló un soberbio repaso a melodías que marcaron su infancia, como “Rascayú” o “María de la O”.

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